La tradición sitúa la venida de la Virgen María a Zaragoza en el año 40 d.C., cuando la Virgen, viviendo aún en Jerusalén, se apareció al apóstol Santiago el Mayor a orillas del río Ebro.
Según el relato, Santiago se encontraba desanimado por la evangelización en Hispania. La Virgen, de pie sobre un pilar de jaspe, le infundió ánimo y le pidió que construyera un templo en ese lugar. Ese pilar se conserva hoy en la Basílica del Pilar.
La actual Basílica del Pilar es un imponente templo barroco construido entre los siglos XVII y XVIII, declarado Bien de Interés Cultural. La Santa Capilla alberga la pequeña imagen de la Virgen del Pilar, de estilo gótico tardío, realizada en madera dorada.